jueves, 31 de diciembre de 2015

En la variedad está la magia

A menudo la gente se piensa que los intérpretes solo trabajamos en eventos oficiales, en ministerios, reuniones financieras y con diplomáticos. Eso es parte del trabajo y para algunos intérpretes es una de las principales porciones del pastel. Si uno trabaja para un organismo internacional (tanto en plantilla o como autónomo) se centrará más en discursos dentro de ese área. Sin embargo, si uno trabaja para el mercado privado se puede encontrar prácticamente con cualquier cosa. Siempre estoy dando la brasa con la curiosidad necesaria para sacar adelante esta profesión y la variedad de temas que podemos llegar a tratar es el motivo por el que lo hago.

Al echar la vista atrás, como suele pasar el último día del año, me encuentro con unos meses llenos de nuevos retos, clientes que han decidido repetir experiencia y temas de lo más curiosos. No puedo decir que haya sido aburrido, quizás un poco estresante por momentos, pero siempre aprendes algo.

- Premios:
Los pobres que me sufrieron en su día como profesora de interpretación saben lo mucho que me gustan las galas y los discursos de agradecimiento. No sabría explicarlo pero es el riesgo de interpretar un mensaje que no suele durar más de unos minutos pero en los que todo puede pasar. Aquí te lanzas al vacío sin red. El afortunado de turno puede agradecer el premio a sus padres y poco más o empezar a gritar maldiciones en klingon.

El 2015 me ha regalado una de las mejores experiencias que he tenido en esta profesión, la gala de los BAFTA en directo y a pesar de las sorpresas que amenizaron la noche, el subidón de adrenalina es de los que no se olvidan. Además, interpreté a la madre de los Weasley (eso suma puntos).

Hola, muggles

En una de las últimas entradas ya he hablado de la interpretación del anuncio de los premios Nobel pero lo que no sabéis es que a los pocos días me permitieron interpretar también el discurso de los ganadores del Nobel de la paz de este año y fue aún más impresionante. Interpretación en directo y a través de relé, porque no hablaban en inglés, como es lógico.
Si el relé os pone de los nervios a veces, imaginad la sensación cuando están en directo en la televisión nacional y la intérprete de la que dependes se queda en blanco unos segundos o se va el audio por un problema técnico. Un bloqueo rápido se hace eterno mientras esperas pero fue solo un pequeño instante que nuevamente me hizo pensar en este tipo de interpretación y en cómo debemos siempre esforzarnos por no dejar a nadie sin información, ya sea el público o el compañero en una cabina muy, muy lejana.

Con la sala a reventar y la gente con el móvil en la mano.

- Festivales de música:
Otra novedad de este año ha sido descubrir que se interpretan muchas más cosas de las que imaginaba. También hay una entrada sobre esto por lo que no me extenderé pero es uno de los proyectos más divertidos y curiosos en los que he participado. Es verdad que las entrevistas van a una velocidad nunca antes vista y que acabas con la cabeza como si te hubieras pasado el fin de semana de resacón en Las Vegas pero el momento en el que el técnico de sonido es incapaz de contenerse y se pone a cantar en playback Titanium de David Guetta ante tu mirada atónita no tiene precio. Eso por no mencionar el deseo de cambiar de cascos que se apodera de tu persona después de ver las maravillas que usan estos profesionales (algunos personalizados)

David en pleno fin de fiesta antes de las entrevistas.


- Arte: 
Para que luego digan que el sector de la cultura no tiene futuro. Todos los años trabajo durante la inauguración de varias exposiciones y es una de las cosas que más me gusta de mi trabajo. Ese primer paseo por las salas con el artista o el comisario y algunos afortunados de la prensa. Escuchar a los que saben te hace apreciar mucho más todo el trabajo que lleva montar una exposición y las ideas que esconden cada uno de los pequeños detalles que normalmente pasamos por alto. La última ha sido la fantástica exposición de la obra del arquitecto David Chipperfield en el Museo ICO, en pleno centro de Madrid, con maquetas de algunas de sus mejoras obras (se puede visitar hasta el 24 de enero de 2016). El libro que acompaña la exposición es una maravilla y un buen regalo de reyes para los amantes de la arquitectura. 




Este año he repetido con Photoespaña un año más y estaré encantada de seguir esta tradición todas las primaveras porque siempre aprendo algo y nunca me aburro. Este año hemos repasado la fotografía en Latinoamérica y he comentado en el blog mis exposiciones favoritas.

Korda y sus mujeres revolucionarias

- Medicina:
Mi compañera en estas cabinas, Esther Moreno, puede contar las mil y un historias que nos han pasado este año mientras recorríamos el centro del país de congreso en congreso. Hemos estudiado como si no hubiera un mañana y la recompensa es tener clientes que repiten año tras año y público que vienen a preguntarnos si hemos estudiado la carrera de medicina por lo bien que se han interpretado las ideas y los términos. Si el público no nota las horas de estudio pero se entera de todo y queda satisfecho, es que hemos cumplido el objetivo: hacer que parezca fácil algo que requiere esfuerzo.

- Gamificación:
Ya sé que más de uno estará pensando "ludificación" o cualquier otra opción más castellana pero lo cierto es que este es el tercer año consecutivo que Esther y servidora gamificamos con uno de los equipos más trabajadores que hay. Gente de medio mundo se reúne en Barcelona para hablar de cómo hacer la vida, la educación, la sanidad y el trabajo más interesante y eficaz. Lo bueno de repetir cliente es que ya conoces muy bien el famoso contexto y la terminología guarda pocos secretos, por lo que puedes dedicar todo tu tiempo de preparación a los pequeños detalles que hacen que el resultado final sea aún mejor. Ya estamos listas para el #GWC16

En el stand de uno de los ponentes que interpreté
en Gamification World Congress (GWC15)

Y además de todo esto, el 2015 ha seleccionado temas nuevos para las cabinas que he compartido y los cuadernos de notas que he destrozado: congresos de coctelería, presentaciones de líneas de maquillaje, lanzamientos de vodkas (y no es que lanzásemos la botella a ver hasta dónde llegaba), presentación de colecciones de moda, psicología, ortodoncia, etc.

La sala en la que interpreté a Kat von D en Madrid

Una de las cosas de las que más he aprendido tiene que ver con una experiencia nueva. En primavera me invitaron a dar una charla en una mesa de interpretación en Alicante y por primera vez me interpretaron. Técnicamente me han interpretado antes los compañeros cuando hacemos relé, pero en este caso yo era la ponente y me temo que cometí todos los errores típicos de los ponentes: hablar demasiado rápido, meter chistes locales y chascarrillos y torturar al intérprete hasta el agotamiento. Menos mal que eran gente muy maja y en el descanso me perdonaron con un vaso de horchata en la mano.

Lo que intento con esta entrada es dar las gracias al 2015 por darme tantos proyectos interesantes que me han obligado a ponerme las pilas y currar para sacarlo todo adelante. Ha sido genial, a pesar del cansancio en días puntuales. De todos modos, aunque no hayan salido todos los proyectos que quería ni haya sido capaz de cumplir todos los objetivos de mi lista para el año, tal y como dice Murakami cada vez que anuncian el Nobel de literatura:

Las cosas que me manda el compi de cabina
de la tele mientras interpretas los Nobel
Mucha suerte con el 2016, que nos traiga muchas cabinas, algunas en sitios con ventilación y visibilidad (y todo), que nos permita probar cosas nuevas, repetir clientes, aprender y mejorar. Gracias por leer este blog en 2015 y espero tener más historias que os puedan interesar el año que viene.

jueves, 3 de diciembre de 2015

De Óscar a Nobel, hagan sus apuestas

Este ha sido un año de sueños cumplidos y de nuevas experiencias. Ya se puede poner las pilas el 2016, que el listón ha quedado muy alto. 
A principios de año os conté lo que es interpretar el anuncio de los candidatos a los premios Óscar. Una locura por la velocidad, la cantidad de nombres y las listas de opciones que has elaborado previamente. Bueno, pues en otoño me tocó interpretar el anuncio de los ganadores de dos de los Premios Nobel y el proceso fue ligeramente similar.



¿Cómo es interpretar el anuncio de los Premios Nobel?
Antes de nada, los que me tocaron son los dos que se salen un poco de la norma, el Nobel de la Paz es el único de los cinco premios establecidos originalmente gracias al testamento y la fortuna de Alfred Nobel que no se anuncia en Estocolmo, dado que lo concede el Comité Nobel Noruego y se entrega en Oslo.
Es uno de los premios más comentados, muchas veces polémico y desde luego el más curioso de investigar.
El segundo ganador que anuncié fue el del Nobel de Economía o Ciencias Económicas que otorga el Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel. También es un premio que suele generar cierta controversia dado que no estaba indicado en el testamento y que lo concede un banco.

Ahora bien, sea como sea, estos anuncios se retransmiten en directo, los ve mucha gente (sobre todo el de la paz) y hay que prepararse para hacer el mejor trabajo posible. ¿Cómo te preparas esto? ¿Hay algún tipo de guión?



En primer lugar, como suele pasar con la televisión en directo, no existe guión pero por suerte en este tipo de anuncios hay una serie de fórmulas, una tradición que juega a nuestro favor. Lo normal es que se arranque el discurso en sueco y luego se pase al inglés, aunque el Nobel de la Paz suele empezar en inglés (y es mejor saberlo, en lugar de pensar que primero te toca esperar a que terminen con el anuncio en sueco, por eso de evitar sorpresas en el directo). Hay una serie de frases que se usan todos los años para anunciar al ganador y luego se da paso al turno de preguntas. Aquí la gran mayoría (y sobre todo las primeras) serán en sueco (o noruego) y luego pasarán al inglés. Es muy útil conocer esta rutina para saber qué viene después y estar preparado.

Tenemos la suerte de contar con internet y, concretamente, con YouTube para preparar esta parte. Los premios tienen un canal con todos los anuncios de cada año. Muy útil para aprenderse las fórmulas que se repiten sin falta y también para practicar un poco antes del anuncio que te toca.

Aquí os dejo los vídeos en inglés de este año para ver si encontráis las 5 diferencias:

Anuncio del Nobel de la Paz 2015:


Anuncio del Nobel de Economía 2015:





Una vez tienes las fórmulas y dominas el orden en el que se van a decir las cosas. En el de la paz se hace el anuncio, se explica el motivo por el que se ha elegido al ganador y luego se pasa a las preguntas; mientras que en el de economía desde hace unos años prefieren añadir una pequeña clase de economía básica además de la explicación específica de los motivos y si la tecnología lo permite les encanta llamar por teléfono al ganador o ganadores y que respondan preguntas en modo teleconferencia (para gran regocijo de su intérprete en la otra punta del mundo).

A punto de anunciar al ganador y con la chuleta al lado
La segunda parte de la preparación de este trabajo es la más curiosa y, casi siempre, inútil. Cuando preparé el anuncio de los candidatos a los Óscar me tocó investigar los distintos artículos que habían publicado las webs especializadas en cine. La lista de posibles candidatos era larga pero casi todas coincidían en unas 10 películas, unos 4-5 actores y actrices y todas esas coincidencias acabaron recibiendo una nominación a los premios de la academia. Se puede decir por tanto que valía la pena el estudio. Sin embargo, con los Nobel las cosas no son tan fáciles.

Aquí hay una clara diferencia entre los dos anuncios que me tocaron. En el caso del Nobel de la Paz tienes información para aburrir. Es uno de los premios de los que más se habla, despierta mucho interés y por eso las principales casas de apuestas permiten a los que quieran jugarse los cuartos apostando por un posible ganador u otro. Las listas de los periódicos y de las casas de apuestas tenían algunas coincidencias y lo más gracioso era ver como cambiaban las apuestas según se acercaba la hora. Si sospechas que puede ganar la canciller alemana, Mussie Zerai, Denis Mukwege o el papa Francisco, pues te estudias los posibles motivos por los que aspiran a semejante honor y practicas la pronunciación de los nombres más complejos (no deja de ser la tele). Por supuesto, el ganador en este caso no es ninguno de los muchos nombres que has apuntado en tu interminable lista y te quedas un poco como los que han apostado el dinero del café en este juego.

No es que sea todo tiempo mal invertido. Sí que estás más tranquila con tu lista. Mientras esperas que se abran las puertas en Oslo repasas los nombres que se han repetido en más webs y se te para un poco el corazón cada vez que pasa la señora con la jarra de agua porque te pilla desprevenida y estás convencida de que va a soltarla y a ponerse a anunciar ganadores sin avisar.

Abriendo puertas

En el caso del Nobel de Economía la cosa es distinta por el sencillo hecho de que nadie parece interesado en apostar en esta categoría y encontrar listas de potenciales ganadores es como intentar encontrar un taxi en Madrid de noche durante las semanas de diciembre en las que se celebran las cenas de empresas. Aún así si buscas con ganas encuentras alguna cosa: listas que da la impresión que se cortan y pegan un año tras otro, porque si compruebas los vaticinios de 2014 con los de 2012 ves los mismos nombres y [spoiler alert] este año tampoco han sido galardonados.

No he grabado la interpretación de este año, pero para los que puedan estar interesados, el compañero que suele encargarse de estos anuncios, Daniel Sánchez, sí que tiene un vídeo del 2014 en su canal de YouTube y os lo dejo para que os hagáis una idea:


lunes, 23 de noviembre de 2015

Yo soy tu intérprete

Hoy toca un ejercicio de imaginación, venga, meteros en el papel:

[Fundido en negro y arranca la escena. Dos personas, una frente a la otra. La primera habla]
- Yo soy tu intérprete
[Poned voz de Constantino Romero a lo Vader para estos menesteres o James Earl Jones si sois más de la versión subtitulada].
- ¿Mi qué?  [Insertar cara de susto del ponente de turno].
- La intérprete [No, no insertéis la cara de la Kidman, os lo imploro].
- ¿Intérprete? [Las mismas instrucciones de antes].
- La traductora para las entrevistas. [Tono de santa paciencia].


Este podría ser el guión de un día cualquiera en la vida de un intérprete. También es verdad que esta no es la única escena que se repite con frecuencia pero no todas las semanas te toca decirle "hola, yo soy su intérprete" al hombre que dio cuerpo a Darth Vader y que interpretó una de las escenas más conocidas e imitadas del cine.

Ideal para el día del padre

Esta semana se ha presentado en Madrid el documental I am your father que cuenta la historia del actor tras la máscara del malo más malo de la galaxia: Darth Vader.

Si habéis leído otras entradas de este blog ya sabéis lo mucho que me gustan las películas de Star Wars y os podéis hacer una idea de la ilusión que ha sido poder susurrar a David Prowse y ser su voz en español durante la rueda de prensa posterior al pase del documental en los cines Verdi. Además, es un hombre encantador y es un placer ser su intérprete.

Soy esa cabeza que asoma para susurrar preguntas


El documental es muy interesante, no voy a desvelar nada pero si os llama la atención os recomiendo echarle un vistazo. Se ha estrenado en el momento justo para los que ya no podemos esperar más para ver la próxima entrega principalmente por lo mucho que nos gustó la trilogía original. Esto nos cuenta detalles sobre el rodaje y nos acerca un poco más a personajes que ya son como de la familia.

Una de las cosas que más me gustó del documental es que da voz y rostro a los "intérpretes" que quedan ocultos tras máscaras y disfraces, esos Frankestein y monstruos de la laguna que nos han hecho pasar tan buenos ratos y que han caído en el silencio de la noche sin su merecido reconocimiento.

El actor y la máscara
Tal y como quedó claro, es más una cuestión de amor por el trabajo realizado y por el buen sabor de boca que ha dejado aunque nadie se acuerde de tu nombre al final.

Estimados intérpretes y lectores del blog, ¿os suena esa sensación de algo? ¿No es la cabina a veces una máscara que nos hace invisibles? En el caso de David Prowse solo podíamos ver su cuerpo, la voz la aportó James Earl Jones en la versión original y en El Retorno del jedi es el rostro de Sebastian Shaw el que logramos ver en una escena clave de la película.

Para preparar este proyecto me vi en la "necesidad" de sacar de la estanterías las tres primeras películas (1977-1983). Antes de que nadie diga nada, que quede claro que hay que preparar cada trabajo, da igual si eres una de esas fans que se sabe los diálogos de memoria porque en este tipo de ruedas de prensa los que preguntan pueden ser incluso más amantes del tema y las preguntas pueden alcanzar un nivel de complejidad digno de los congresos técnicos. Nunca se debe asumir que el tema se conoce y que por eso no es necesario mirar nada, ni hacer un misero mini glosario.

Hacía tiempo que no me concedía este placer y creo que es la primera vez que las he visto ya como intérprete profesional en activo. Cuando era pequeña me obsesionaban los personajes principales, Leia por motivos obvios y Han Solo porque tiene algunas de las mejores frases. Entonces le presté muy poca atención al intérprete de protocolo: C3PO. En este visionado le he dedicado más cariño y hay varias escenas en las que me he sentido hasta identificada (y no, el dorado no es mi color, no es eso).



Por ejemplo: tiene demasiada información que no le interesa a nadie, todos esperan que hable la lengua local de turno (y eso que domina más de 6 millones de formas de comunicación), no se preocupan en lo más mínimo por las condiciones en las que trabaja (calor, frío, ataques de naves imperiales, etc.). Sin embargo, la escena en la que me convertí en fan de C3PO fue cuando en la luna de Endor, Han Solo quiere que le diga varias cosas al jefe de los ewoks pero no para de interrumpirle cuando va a arrancar y al final le suelta que a ver si se da prisa.

Basado en hechos bastante reales en consecutiva
Este otoño ha sido intenso pero me ha permitido cumplir varios sueños profesionales (y frikis), por lo que resulta imposible quejarse.

sábado, 21 de noviembre de 2015

El ataque del intérprete zombie

También podríamos titular esta entrada: ¿Cómo sobrevivir a la temporada alta?

En primer lugar, las temporadas altas o épocas de picos de trabajo dependen en gran medida del tipo de interpretación que ofrecemos pero, en general, en el mercado privado suelen darse en primavera y otoño. Meses como mayo, junio, octubre y noviembre principalmente. Sin embargo, si el año es bueno puedes empezar la temporada alta en marzo y terminarla a mediados o finales de julio y en el caso del otoño, podría ir desde septiembre hasta prácticamente la fecha de la lotería de navidad en España. A partir del 22 de diciembre ya no queda mucho más que rascar.

Una cosa suele suceder cuando uno arranca la temporada alta en marzo y es que seguramente llegue a julio poco más o menos que a rastras. Es como tener una resaca de nochevieja durante tres meses seguidos. Cuando uno es joven, el cuerpo aguanta bastante bien, pero con el paso de los años no te queda otra que buscar estrategias para no parecer el intérprete zombie que nadie quiere contratar, por si le da por consumir cerebros ajenos para recuperarse.

Intérprete al salir de una cabina tras 8 horas
Imagen de Etsy - Cartoon Zombies


Entre las estrategias para sobrevivir a la temporada alta, una de las recomendaciones es tenerlo todo muy bien organizado. Calendarios actualizados en todos los dispositivos (sobre todo el móvil) como Google Calendar o cualquier otra aplicación, sistema o incluso agenda en papel para tener claro qué días ya tenemos confirmados, cuáles son los días reservados pero sin confirmación, qué días pueden tener proyectos potenciales y si nos quedan días libres para estudiar. Puede parecer una tontería, pero es importante cuando tienes la agenda llena en temporada alta, dejar días reservados para preparar los temas. En pleno pico de trabajo, en una misma semana te pueden tocar 4 temas completamente diferentes o incluso más. Si vas a trabajar prácticamente todos los días de la semana tienes que plantearte cuándo vas a estudiar el material de cada cabina o consecutiva. No suele pasar que en un mes te llamen solo para que trabajes un tema en todos los congresos.

Esto es uno de los puntos que debes tener en mente al aceptar trabajos, dado que no es lo mismo estudiar muchos temas cuando tienes tiempo que cuando no lo tienes. Generalmente elegimos un proyecto si tenemos disponibilidad, por la tarifa, por la temática y por el lugar en el que se celebra. Es más fácil tratar temas que ya te suenan, con los que tienes una cierta experiencia y por eso la preparación va a ir más rápido. Por el contrario, los temas en los que partes de cero y que no se acercan a tus áreas de experiencia requieren más tiempo y dedicación. Hacer un mal trabajo quizás me permita facturar algo más este mes, pero es pan para hoy y hambre para mañana.

Tengo que estudiar


Cuando estás en plena temporada alta es fácil caer en la tentación de pensar que siempre vamos a estar currando sin descanso pero para eso inventaron el mes de enero, que nos recuerda que las cosas no son así. Los clientes que te llaman en los meses más flojos suelen ser aquellos que han quedado muy satisfechos con tu trabajo y están dispuestos a pagar a un intérprete incluso en febrero siempre y cuando seas tú, porque les ofreces el resultado que buscan. La calidad es ese gran aliado, la mejor estrategia de venta que tenemos. Para ofrecer calidad hay que practicar y, sobre todo, hay que estudiar y preparar los temas a conciencia a pesar del tiempo que eso conlleva.

Por eso a la hora de organizar la agenda en temporada alta, trato de tener en cuenta los huecos que necesito para estudiar. Prefiero pasarme a quedarme corta en la preparación, manías personales.

Una vez tengo todo organizado, intento dejar algún día suelto para descansar porque después de varios días seguidos de cabina uno se atonta y se agota. Si no duermes suficientes horas lo notas en cabina. Conseguir días libres en octubre es complicado, por eso los marco también en la agenda, para saber qué están ahí y respetarlos.

Tampoco viene mal comunicarse con los seres queridos: familia, pareja, amigos. No está de más decirles que quizás durante el mes de octubre no estés disponible para muchos planes, que quizás te conviertas en esa cosa que entra y sale de casa con cara de agotamiento y ojeras de campeonato, que se encierra en el estudio cuando no está arrasando con la nevera o acaparando el baño porque tiene prisa para ir a la siguiente interpretación. Tienen que saber que es algo temporal y que cuando termine la temporada alta en navidad volveremos a ser las personas encantadoras y cuerdas de siempre y dejaremos de interpretar las palabras de desconocidos para retomar eso de comunicarnos con nuestra gente.



Durante otoño o primavera a veces nos perdemos cosas interesantes, te pueden llamar para trabajar durante los puentes, la semana santa, trabajar por la noche durante Halloween o cosas por el estilo. Hace años que me toca trabajar durante todos los puentes de mayo, no es que me queje pero es bueno informar al respecto para que nadie se ponga a hacer planes de escapadas en primavera y cuente conmigo.

Hasta ahora parece que la temporada alta es más bien negativa y no es así. En esos meses de escasa vida social haces una facturación muy interesante que te permite ser la reina de las navidades en casa y engordar al cerdito de la hucha para los meses más flojos (agosto, enero) porque la vida y los pagos a la seguridad social no se detienen sea el mes que sea.

La ubicación también es un elemento a considerar al aceptar trabajos en pleno maratón de interpretación. Hay intérpretes llenos de glamour a los que envían a destinos como Londres, Estocolmo o Roma. También te pueden tocar opciones más nacionales (como suele ser mi caso) y hacer una gira por Segovia, Toledo, Barcelona, etc. El destino en el fondo da igual, pero si que hay que calcular los tiempos que se dedican al desplazamiento, los días muertos que se quedan ahí en la agenda y qué hacer con esas horas. Hay quienes aprovechan las horas de aeropuerto para dormir, otros estudian en los trenes, algunos descansan en la piscina del hotel (que también ayuda).

No todo va a ser sufrir

Si tu gira es en tu mismo país puede parece que puedes llegar a todos los sitios, pero cuidado, algunas ciudades aparecen en el mapa pero ninguno de los encargados de trazar líneas de tren o de asignar horarios frecuentes de autobuses se han percatado. Antes de aceptar el trabajo, revisa si es factible llegar a la hora y sobre todo volver o desplazarte al siguiente congreso desde ahí sin complicaciones. No es este el primer año en el que en plena temporada alta he pasado prácticamente cada día de una semana en una ciudad distinta.

La puntualidad es una obligación del intérprete, no vale como excusa que la noche anterior terminaste una cabina en la otra punta del país, es tu trabajo organizarte o saber decir que no a aquellos trabajos a los que no vas a llegar.

Hay que calcular tiempos, ubicaciones, medios de transporte. Son piezas del puzzle que es la temporada alta y tenemos que encajarlas todas.

Nuestro amigo Murphy se va a encargar de complicarte la vida de tanto en tanto. Si calculamos el tiempo de desplazamiento muy justo nos podemos encontrar con una huelga de metro, tren o puede que incluso le de por llover en Madrid y todos sabemos que cuando caen dos gotas en esta ciudad se abren las puertas del infierno.

Dormir poco una semana no es un problema pero cuando te tocan 2-3 meses intensos de trabajo, la falta de sueño empieza a dejar señales. Son muchas horas de cabina o consecutiva, de estudio y de esfuerzo. Las ojeras son un compañero de viaje, junto con ese tono de piel que desvela que hace mucho que no te vas de vacaciones. Menos mal que para eso hay opciones cosméticas (lo sé, lo sé, algunos aquí se han horrorizado pensando en lo que viene pero tranquilidad, esos consejos irán en otra entrada separada: el kit de supervivencia para el intérprete zombie en la carretera. Puede ser una entrada útil también para sacar ideas de regalos cara a las fiestas). Otro de los puntos a cuidar es la alimentación, sobre todo si te toca ir de un lado a otro. Muchas veces nos incluyen en las comidas de los congresos o comemos un sandwich en la barra del hotel. No pasa nada si es un día suelto pero cuando también lo notas cuando encadenas varias semanas de comer en poco tiempo y a base de fritos, comida rápida y "de boda".

En resumen: las temporadas altas son fantásticas por la cantidad de trabajo que sale, la excelente facturación, los nuevos retos a los que te enfrentas y los compañeros de cabina. Aún así, no viene mal organizarse muy bien para poder rendir durante esos 2-3 meses, dar lo mejor y disfrutar de lo bueno que tiene. Es mejor cuidarse si no queremos acabar zombies.




domingo, 15 de noviembre de 2015

Bond: con licencia para interpretar o no

No es que sea muy fan de las películas del agente 007 pero las últimas a manos de Sam Mendes y Daniel Craig son curiosas y después de días de cabina no viene mal un poco de entretenimiento puro y duro. Cuál sería mi sorpresa cuando James se cuela en una reunión de los malos malísimos en Roma (la IV Cumbre del Mal Organizado) y las mentes más retorcidas del crimen llevan los cascos típicos de cualquier congreso para escuchar la interpretación. Normal, pensarán algunos, en esa sala había malos de medio mundo, cada uno con su lengua, sus diferencias culturales y, de un modo muy similar a las instituciones internacionales, cada uno hablaba en su propio idioma a la hora de resumir los resultados obtenidos con sus actividades infames.

Aquí el señor Guerra se quita los cascos un momento (los lleva en la mano)


Será deformación profesional, que no me dio tiempo a comprar palomitas y el hambre hace estas cosas o simplemente que una no puede contenerse pero empecé a cotillear la sala de reuniones. Al fin y al cabo los malos solo contaban batallitas y cifras. El espacio era gigantesco, muy bonito eso sí pero con un techo muy alto y abovedado. No quiero ni imaginar los problemas de acústica de la sala, menos mal que todos los jefes malignos tenían su propio micrófono y daba la impresión de que se acordaban de encenderlo antes de hablar. Por otra parte, los cascos que llevaban varios de los señores del mal son los que suelo ver más en trabajos con infoport.


Los Sennheiser de toda la vida.
No hay nada más maligno

Sé que a veces se usan con cabina pero si uno se fija bien en la sala, no se ven las cabinas y como mínimo había 3 lenguas en activo en la mesa: habla el señor Guerra en un español con acentazo, la alemana usa su lengua nativa y hay varios que se expresan en inglés. Hay dos opciones entonces: intérpretes con micrófono infoport escondidos entre el público de los balconcitos superiores (imaginad el estrés, no oyes nada, te rodean los malos, cualquiera tiene narices para quejarse del audio) o cabinas ocultas en otras salas (mucho mejor opción aunque te quedas sin visibilidad). Solo espero, por el bien de los intérpretes, que el señor Guerra, que se quitó los auriculares del receptor antes de su encuentro con su sucesor, también recordase desconectar su micrófono.

Al salir una de las personas que fue conmigo al cine me preguntó si eso era posible. ¿Hay intérpretes en las reuniones de las organizaciones del crimen organizado? No tengo ni idea de si contratan a su gente y la mantienen en plantilla o si optan por contratar autónomos a través de agencias pero tiene lógica pensar que en algún momento deben necesitar intérpretes. Son al fin y al cabo grandes organizaciones que se dedican a actividades en diversos países. Ahora bien, la siguiente pregunta es: ¿qué hago si me encuentro que el proyecto con que me ofrecieron es en realidad la IV Cumbre del Mal Organizado? ¿Les denuncio? ¿Me obliga la confidencialidad a guardar el secreto?

Por una parte está la confidencialidad implícita de nuestro trabajo, los documentos que muchas veces firmamos para manifestar nuestro compromiso a mantener dicha confidencialidad y la obligación legal de denunciar un hecho delictivo. No soy experta en el tema, ni mucho menos, pero esta película ha despertado mi curiosidad y como suele ser el caso he empezado a bucear en el archivo de AIIC y he encontrado esta joya escrita por Danielle Gree que quiero compartir con los lectores interesados: Professional secrecy until the bitter end (también disponible en francés).

la obligación de revelar información es un principio jurídico básico. Existen exenciones para aquellas personas sujetas al secreto profesional. Aquí el intérprete queda atrapado entre dos obligaciones que entran en conflicto: debe exponer el delito a las autoridades competentes y a la vez debe respectar el secreto profesional al que se ha comprometido. La solución al final es una cuestión de conciencia. Sin embargo, no se contemplan sanciones punitivas por revelación de secreto profesional. 

 El intérprete profesional debe ser escrupuloso a la hora de cumplir con la obligación de secreto, especialmente en lo que respecta a secretos industriales, comerciales y profesionales. Ahora bien, nadie está obligado a ocultar información sobre actos delictivos.

Hace muy pocas semanas me tocó interpretar al autor del último libro de James Bond, William Boyd, que es un gran defensor del trabajo de los intérpretes y traductores como elementos fundamentales para la transmisión de la cultura. En un descanso entre entrevistas, me habló de la necesidad de incrementar las traducciones al inglés de libros escritos por autores españoles y latinoamericanos o de lo contrario muchas personas no llegarán jamás a conocer a grandes escritores. Somos útiles y necesarios, de eso no hay duda, pero no deja de sorprenderme el hecho de que en Spectre se hayan dado cuenta de que si quieres mostrar una cumbre en la que realmente se reúnen todos los jefazos del mal a nivel internacional y quieres hacerla creíble, además de una iluminación con sombras estratégicas, un local de lujo absoluto, matones de diversos tamaños y mucho traje caro, necesitas interpretación para que el evento funcione.

Esperen al micro si quieren que la pregunta o delito se interprete

domingo, 18 de octubre de 2015

Murphy, los festivales y los intérpretes

Si uno decide (por algún motivo) seguir a un intérprete en redes sociales se encontrará con menciones al señor Murphy y su ley cada poco tiempo. Suelen ser comentarios sobre lo que le haríamos si le tuviéramos a mano, promesas de sacrificios de cabras si se porta bien y no nos fastidia un trabajo y en escasas ocasiones son agradecimientos o palabras de afecto.

¿Cómo no tenerle manía a esa especie de ley no escrita que se encarga de que nos coincidan los mejores trabajos en el mismo día? La ley de Murphy, en el apartado intérpretes, garantiza que si una semana no tienes trabajo y te quejas de esa amarga situación, recibirás a continuación la llamada de dos o tres agencias para ofrecerte cabinas pero todas para el jueves por la mañana. Uno ante esta coincidencia cósmica se pregunta: ¿no podían pasar una de esas cabinas al viernes que lo tengo bastante libre? Pues no, hacer eso le quitaría toda la gracia al asunto. Así que una vez que el intérprete ha aceptado la primera cabina que ha llamado a su puerta para ese jueves ya sabe que todas las solicitudes de presupuesto que tendrán a bien colarse en su correo serán precisamente para ese jueves y no otro, ni para ningún otro día de todo el año.

El cosmos, los poderes superiores, Murphy o la viejula de la escobula (como diría Snoopy) son unos cachondos. Sin embargo, también juegan a nuestro favor de vez en cuando si nos molestamos en estar atentos.

Las coincidencias no siempre son negativas. Hace un tiempo publiqué la historia de Katrine Switzer y la curiosidad necesaria, en la que narraba un hecho similar pero el año pasado al finalizar WISE Valencia, los organizadores nos invitaron a una paella en la playa. Mi compañera de piso y servidora nos fuimos para allá sin mirar un mapa, total, no puede ser tan difícil encontrar el mar desde la parada de metro. Al llegar al final de trayecto una chica se nos acercó y se ofreció a llevarnos si a cambio podía ir con nosotras. Tenía terror a las manadas de machos ibéricos que aparentemente se lanzan al ataque en cualquier momento si eres rubia (o eso decía ella. Al no ser rubia y ser autóctona no he tenido que sufrir dicho acoso pero no era por dudar de su palabra). La muchacha en cuestión se pasó todo el camino hablando de un festival de música electrónica que tenía una pinta estupenda. Habló sin descanso sobre el Tomorrowland Bélgica, la decoración de los escenarios, la música, las pulseras que te entregan con la entrada para que hagas amigos en Facebook, las tiendas de camping que son más caras que algunas habitaciones de hotel, etc. Fue un repaso de lo más completo.

Muchos lectores a estas alturas se preguntarán a cuento de qué viene todo esto. Al despedirnos de la chica yo tenía claro que quería saber más sobre el festival y, a ser posible, quería ir alguna vez para vivir la experiencia más de cerca.



Aquí Murphy decidió ser amable y pensó que después del sacrificio que fue ir de acompañante-escolta, me había ganado una solicitud de presupuesto a los seis meses para trabajar en un festival llamado Tomorrowland como intérprete durante las entrevistas en su edición en Brasil y en Bélgica. A esas alturas ya me había estudiado el festival de arriba a abajo y estaba preparada para hacer frente al nuevo reto. Aquí el señor de la ley ingrata me había hecho un favor, dado que la mayor parte de la investigación ya la tenía hecha y solo tenía que centrarme en la parte fundamental de ese proyecto que era la voz.

Ya lo he dicho unas cuantas veces, cuando interpretas para televisión tienes que mimar la voz más que nunca. No vale con saberte toda la terminología, en este caso, tienes que ser un poco más "intérprete". ¿Qué quiero decir con eso? Pues que hay que adaptarse, no puedes poner el mismo tono de voz cuando interpretas a Obama en una rueda de prensa que a una de las hermanas de Nervo en plena sesión de DJ ante una multitud enloquecida. Es cierto que la terminología no es especialmente complicada y que lo más importante es ir rápido (aquí nadie habla con calma y de forma pausada), intentar que encaje lo más posible la interpretación con el audio original (sin llegar a ser un doblaje) y encontrar el tono adecuado para transmitir el subidón y la alegría pero sin caer en el error de parecer una loca desfasada porque no es lo mismo que te escuchen en persona que a través de la televisión, la percepción cambia.

Las herramientas no cambian

Una de las curiosidades a la hora de interpretar un festival es que tienes muchos ratos de espera, momentos en los que hay actuaciones y puedes escuchar la música entre turno y turno de interpretación. Eso está genial si te gusta el tipo de música y encima en un festival siempre hay una atmósfera única que hace que todo suene diferente, pero al mismo tiempo puede convertirse en una fuente de distracción. Uno llega concentrado al trabajo, arranca la primera fase de interpretación, le toca esperar una o dos canciones, se acaba rindiendo a la música, al buen rollo y luego tiene que volver a ser un profesional y centrarse. 

Una de las cosas que me encantó de este trabajo, será por deformación profesional, fue cotillear los cascos de los diferentes DJs. Los más famosos tenían cascos personalizados, casi todos optaban por la opción de poder girar uno de los auriculares para dejar una oreja descubierta y había una marca que se veía mucho más que el resto. Si os interesan los cascos os recuerdo que hay una entrada en el blog al respecto.

Avicii y sus casos



Nota 1: Sé que la Fundeu recomienda "disyóquey" pero me pasa como con "pósit", espero que no os moleste.
Nota 2: ¡Los del fondo! ¡Si os ha gustado esta entrada, quiero ver esas manos arriba!




domingo, 11 de octubre de 2015

Sobre el número tres

Aunque los anuncios de yogur digan lo contrario, a veces las cosas vienen bien de tres en tres.

- Tres intérpretes en una cabina puede parecer una mala idea por el tema del espacio personal.

Se te ha ido, si no entramos (traducción libre)
Desde luego las cabinas portátiles son todo menos espaciosas. Ya cuando somos dos tenemos que dividir el espacio como los niños pequeños dividen el asiento trasero del coche, pero en ocasiones puedes encontrarte con tres intérpretes en una cabina y aunque se corre el riesgo de acabar como en el camarote de los hermanos Marx, todo tiene sentido.

La del sombrero es la intérprete
Las veces que he tenido un tercer intérprete en cabina se ha debido a que el tercero en cuestión estaba en prácticas o formándose y no hay nada como poder ver el trabajo al pie del cañón en vivo y en directo. Tuve la enorme suerte de hacerlo en su día y en ocasiones he devuelto el favor. Recuerdo una conferencia en la que un chico se acercó al inicio y nos contó que era estudiante de traducción y que tenía que decidir ese año si optaba o no por la interpretación. Así que le dejamos sentarse en cabina y al terminar aseguró tener las cosas más claras (no nos dijo si le habíamos traumatizado de por vida).

- Un equipo de intérpretes en tres salas diferentes también puede funcionar muy bien. Hace poco interpreté con otros dos compañeros un congreso internacional sobre coctelería. Sé lo que estáis pensando pero no, los intérpretes teníamos que estar sobrios si bien el resto de los asistentes iban animándose más y más a medida que pasaban las horas.

Lo malo de estos congresos es que se reparten cócteles con una pinta de lo más saludable, elaborados por los mejores del sector y se acercan a cabina y sabes que si caes en la tentación todo es posible, incluso interpretar del inglés al chino en lugar de al castellano. Por lo que hay que cerrar las puertas de la cabina, ser un profesional y luchar contra la tentación.

Hasta ahí llegas, ni un paso más

Lo bueno de ser tres es que tienes esa sensación de equipo que hace que un trabajo complejo sea más llevadero y que permite que un compañero te pueda echar una mano si su sala ha terminado y tu infoport acaba de arrancar su turno a pocas salas de distancia. No siempre tres son multitud, muchas veces son el número justo.

- Para terminar, no quería dejar pasar la oportunidad de dar las gracias a los lectores por estos cinco años de blog, por el apoyo, el cariño y los votos que han permitido que este blog informal reciba por tercer año consecutivo el premio Community Choice de Proz.com.



No es que sea lo mismo que recibir un Oscar (o interpretar la gala), pero me hace mucha ilusión.

Leo y Murakami saben a lo que me refiero
Cinco años son muchos y algunas entradas han gustado más que otras. Curiosamente las que más han costado han sido las menos vistas, pero igualmente tienen su lugar en esta colección extraña de experiencias, ideas, cursos, entrevistas y fotos de cabinas.

Como diría Meryl Streep: no creo que me sea posible ganar por cuarta vez así que voy a decir ahora lo que quiera, por si no vuelvo a tener la oportunidad:






jueves, 17 de septiembre de 2015

Errare humanum est

La visibilidad es el tema de moda desde hace años en los congresos y foros de traducción, pero a veces parece que las únicas ocasiones en las que se acuerdan de nosotros en los medios de comunicación es cuando nos equivocamos. No hay nada más peligroso que interpretar una rueda de prensa de un entrenador de fútbol en España. Como metas mínimamente la pata ya les has dado minutos para la sección cada vez más larga dedicada a "deportes" del telediario. Es cierto que se dedicarán a criticar al "traductor" pero esa ya es otra batalla.

Aquí dejo un ejemplo de hace unos años:



Esta semana los intérpretes (traductores) han vuelto a las noticias por la intérprete en la reunión que han mantenido ante la prensa el presidente Obama y el rey Felipe VI en Estados Unidos.



No voy a entrar en comentar el error o lo que podrían haber hecho mejor los intérpretes en los dos casos anteriores. Ya hay bastantes comentarios y seguramente saldrán más a lo largo de los próximos días. Tampoco voy a defender que los intérpretes no tienen la culpa, que son las condiciones, los nervios, las tarifas, etc. Cada caso es un mundo y sobre todo, los intérpretes no son más que personas y como tales se equivocan de tanto en tanto. Cuando estás formándote como intérprete te recalcan tanto el hecho de que tu interpretación debe ser perfecta, sin errores, con la terminología adecuada, el tono justo, la entonación agradable y el cuerpo relajado que parece imposible conseguirlo todo. No quiero decir con esto que todo valga ni que en el fondo la interpretación mediocre también se puede aceptar. Lo que intento exponer, quizás con escaso acierto, es que nuestro objetivo está claro: tenemos que ofrecer la máxima calidad posible y debemos practicar, estudiar y mejorar proyecto a proyecto para poder hacerlo. Ahora bien, no somos infalibles y nos equivocaremos en algunas ocasiones. La pena es cuando eso ocurre con los ojos del mundo atentos a cada palabra. Hay que saber que ciertos proyectos conllevan una mayor responsabilidad y ser conscientes de si somos o no capaces de afrontarlos.

Lo que más me interesaba ver en esta entrada es el tema de los errores y de cómo gestionarlos. No es que se haya escrito mucho sobre esto. Nos centramos más en las situaciones ideales y lo que debemos hacer, pero hay algunos artículos en la web de AIIC, como el de Eduardo Kahane (disponible en inglés y español) que mencionan el hecho de que los errores son uno de los indicadores de la calidad de la interpretación, si bien no el único, e incluso comentan detalles que los intérpretes con experiencia ya saben: si cometes un error pero sabes gestionar la voz y no hundirte al hacerlo, puedes salvar el trabajo.

Por ejemplo, al analizar la importancia del tono en la calidad de la interpretación dice lo siguiente:

En un estudio de laboratorio controlado (14), donde se comparan valoraciones de interpretaciones con entonación monótona o "melodiosa" con correspondencia de sentido total en unos casos y falta de correspondencia de sentido implantadas a propósito en la versión en otros, Collados obtiene valoraciones mas altas para las versiones de interpretación con presentación melodiosa y errores, que para las versiones monótonas con correspondencia total del sentido con el original.
Es decir, que los errores no tenían tanto peso si se empleaba un tono menos monótono y la voz transmitía cierta coherencia y seguridad.

También aporta un punto de vista interesante cuando habla sobre la percepción de los errores por parte del público:
La detección de errores también depende del grado de interés del usuario, que descarta como irrelevante mucha información, cosa que el intérprete no está en condiciones de hacer.
El intérprete no puede permitirse desconectar del discurso temporalmente como hace a veces el público si lo que escucha no le llama la atención. Esto enlaza con los ejemplos anteriores de la tele. Las palabras de los líderes políticos y los representantes de los países se analizan al detalle, más en un momento de elecciones. Lo de los entrenadores y jugadores de fútbol últimamente es prácticamente lo mismo, dado que este tipo de noticias ocupan mucho tiempo en los medios de comunicación.

Llegados a este punto toca mirarse en el espejo y confesar:

¿Quién no se ha equivocado alguna vez?

No vale contar siempre historias de éxito, hacer bien este trabajo lleva horas de práctica, muchas horas de estudio y alguna que otra metedura de pata de la que aprendes mucho. En una ocasión me contrataron para que interpretase la inauguración de una exposición. Al llegar me dijeron que solo tendría que interpretar una breve bienvenida de la responsable de la sala y luego acompañaría al artista durante la visita guiada con prensa. Había prensa nacional y extranjera, la sala estaba a reventar. La responsable de la sala me dijo que no era necesario tomar notas puesto que solo daría la bienvenida y daría paso al recorrido. Cometí el error de no sacar el cuaderno y el discurso duró casi diez minutos y estaba perlado de fechas, nombres y adjetivos. Ante el público debes mantener siempre la sangre fría y no puedes detener al ponente. Así que tocaba hacer un ejercicio de memoria y concentración. Estaba tan centrada en no olvidar nada relevante que cuando me tocó arrancar la consecutiva no me di ni cuenta de que estaba interpretando de nuevo todo lo dicho al castellano. Al cabo de unos minutos vi al jefe de prensa (el que me había contratado) con un cartel al fondo de la sala en el que había escrito: Al inglés. Como ya llevaba medio discurso, opté por terminar muy rápido ante la mirada atónita de la prensa española y tras decir "ahora al inglés", repetir toda la interpretación pero a la lengua correcta. Al terminar la visita quería cavar un hoyo y meterme dentro pero los periodistas extranjeros no parecían molestos y los nacionales se lo pasaron en grande haciendo bromas sobre mi excelente interpretación del castellano al castellano durante la visita. El cliente dijo que había quedado en una anécdota porque había reaccionado bien y había salvado la situación. Basta decir que he seguido trabajando con esa sala y que nunca se ha vuelto a repetir un error similar. No he vuelto a separarme del cuaderno ni en cabina por si las moscas.


Si es que ya lo decía Séneca, la clave no es no cometer errores, es aprender de los mismos para que no se repitan y no pensar que todo vale.

Errare humanum est, perseverare autem diabolicum
[ errar es humano, pero perseverar (en el error) es diabólico]

Ya lo decía Quino

martes, 8 de septiembre de 2015

El padre de dragones y otras traducciones (segunda parte)

¿Os habéis quedado con ganas de saber más sobre la experiencia profesional de Manuel de los Reyes? Tranquilidad, no pasa nada, aquí tenemos otra entrada para disfrutar con la traducción del género fantástico. Si aún no habéis leído la primera parte no sé a qué esperáis pero podéis encontrarla aquí.


- Como traductor de literatura, independientemente del género, la editorial juega un papel clave. ¿Qué tal ha sido tu experiencia en líneas generales? ¿Se valora la figura del traductor? ¿Se busca algo concreto en este tipo de libros o cualquier traductor literario puede lanzarse?

Se valora y no se valora, depende. En ese sentido he acumulado experiencias para todos los gustos. En líneas generales, las editoriales siguen considerando que la traducción es un gasto más que una inversión, prejuicio alimentado por la respuesta del grueso de consumidores (no digo ya únicamente «lectores», puesto que aquí lo que priman son los ejemplares vendidos más que los libros leídos), que no suele fijarse en quién ha traducido qué antes de poner el dinero encima de la mesa. Observo desde hace años, no obstante, una mayor tendencia a prestar atención a este aspecto por parte de esos dos colectivos, e incluso los mismos autores extranjeros se preocupan de leer como pueden las reseñas en otros idiomas de sus títulos traducidos y comentan públicamente o en privado lo bien o lo mal que se ha tratado su obra en otros países.
En mi caso (el cual, una vez más, sé que dista de ser representativo de nada), mi trabajo me ha granjeado muchas críticas positivas, no pocos encargos ex profeso y declaraciones de algún que otro autor que preferiría que fuese yo quien se encargarse de verter su obra al español. Por lo demás, cualquiera puede lanzarse a la piscina que le apetezca cuando más rabia le dé, pero el conocimiento previo de los temas que uno va a traducir (y la narrativa de género fantástico se compone de muchos, muchísimos «temas») sin duda va a allanarle el terreno, facilitarle las cosas, agilizar los distintos procesos de documentación, mejorar su productividad y, en definitiva, ahorrarle no pocos quebraderos de cabeza innecesarios.





- ¿Traductor nocturno o diurno? ¿Té o café para no perder el ánimo? y ¿música clásica, heavy o silencio absoluto para releer lo traducido en voz alta?

Nocturno, pero controlado. Café siempre, hasta que la muerte nos separe. Y la música que no pare nunca, adopte la forma que adopte: bandas sonoras, instrumentales, metal en todas sus formas, stoner rock, grunge, clásica, country, jazz… El silencio, como la procesión, va por dentro.


- Talleres presenciales de verano, cursos online, charlas en Barcelona en inmejorable compañía. ¿Hay interés por este tipo de traducción? ¿Qué tal es la experiencia como docente? ¿Crees que hay espacio en la universidad para tratar estos temas en el grado?

Hay un interés yo diría que inusitado. Hasta no hace mucho se tendía a demonizar el rol, por ejemplo (pertenezco a la generación apedreada a prejuicios por sucesos tan lamentables como los crímenes del «asesino de la katana»); los tebeos eran cosa de críos; las pelis de zombis había que verlas a horas intempestivas, los videojuegos constituían un vicio aceptable como regalo de comunión y poco más, disfrazarse de Batman para asistir a un salón del cómic era algo de lo que no tenía por qué enterarse todo el mundo y menos tu tío Chindasvinto el del pueblo… Cosas así. Ahora todo eso ha cambiado. Pero de forma radical, además.
Por una parte, los jóvenes que se incorporan al mercado laboral lo hacen inmersos en una cultura popular que se nutre de referencias a Death Note, Firefly o Robocop, hecho al que los aspirantes a traductores no son ajenos en absoluto; por otra, en el caso de las editoriales y las productoras de cine y televisión, por mencionar solo dos ejemplos muy representativos, se da la circunstancia de que, desde un punto de vista exclusivamente crematístico, resulta mucho más ventajoso tamizar el río hasta dar con la anhelada pepita del nuevo Harry Potter o la nueva Perdidos que invertir toneladas de dinero para publicitar el nuevo El gran Gatsby o la nueva Canción triste de Hill Street. Asistiremos en la gran pantalla a treinta reboots del origen de Spider-Man y otros tantos remakes de Terminator o Mad Max antes de ver una nueva adaptación de La reina de África o de Sonrisas y lágrimas, eso está claro.
El fantástico tiene un público fiel que mueve dinero (todo el dinero que se pueda mover en estos achuchados y austeros tiempos que corren, al menos), y en las altas esferas lo saben mejor que nadie, como atestigua el hecho fehaciente y fácilmente constatable, a poco que uno se tome la molestia de fijarse con un mínimo de detenimiento en los estantes de su librería predilecta, de que las pequeñas editoriales especializadas que hasta hace tan solo unos años se encargaban de traernos prácticamente todo el material de fantasía, ciencia-ficción y terror extranjero deban competir en desigualdad de condiciones, de un tiempo a esta parte, con el «interés» (en todas las acepciones de la palabra) y el mayor poder adquisitivo de los principales sellos de nuestro país.

Todo lo cual posibilita, asimismo, que grandes compañeras de fatigas como Cristina Macía, Pilar Ramírez Tello o Ana Alcaina, por ejemplo, hayan desfilado en los últimos años por el salón de actos de mi antigua alma mater para hablar a los alumnos de la facultad de TeI de Salamanca de lo que supone traducir títulos tan significativos como Juego de tronos, Los juegos del hambre o Artemis Fowl, respectivamente. Sin olvidar que el penúltimo Premio Nacional de Traducción se lo llevó Carmen Montes Cano por su trabajo en Kallocaína, de Karin Boye, una distopía clásica donde las haya. O que uno de los más recientes ocupantes de un sillón en la RAE sea Miguel Sáenz, traductor de (entre muchísimos otros títulos) La historia interminable. O que… Claro que habría espacio en la universidad para tratar la traducción de género fantástico en profundidad, e interés por parte de muchos alumnos, pero las cosas de palacio van despacio y de momento habremos de conformarnos con cursos, talleres, másteres y demás alternativas extracurriculares.




- ¿Cuál es el libro que más te ha costado (si puede decirse) o el que ha sido el mayor reto profesional? ¿Qué haces si el libro que traduces no te gusta (como lector)? ¿Es peor o mejor que te guste mucho? ¿Cuál es ese libro que se ha ganado un lugar en lo alto tu top 10? ¿Cuál es el libro que te habría gustado traducir o que te gustaría traducir si aún no se ha publicado? 

Ángeles asesinos, la novela sobre la Guerra de Secesión con la que Michael Shaara ganó el Pulitzer en 1975, supuso para mí un importante desafío estilístico, casi a la altura del barroquísimo ciclo de Viriconium, de M. John Harrison. También Isaac Asimov me ha planteado muchos retos, aunque todo el que me escuche decirlo no pueda por menos de enarcar siquiera una ceja; es lo que tienen las prosas engañosamente sencillas. El chip de aficionado a (apasionado de) la lectura, en cualquier caso, se me desactiva automáticamente cuando estoy trabajando: absolutamente todas las obras que pasan por mis manos reciben el mismo trato, con independencia de las estrellitas que a lo mejor me apeteciera ponerles en Goodreads, por ejemplo. Sí que es cierto que enfrentarse a un texto complicado pero seductor puede facilitar en ocasiones la laboriosa tarea de bregar con él un día tras otro, cual Sísifo con su roca y su pendiente, aunque lo más conveniente, profesionalmente hablando, es aparcar a un lado los gustos personales y embarcarse en cada nuevo encargo con la misma predisposición de neutralidad.
Mi Top 10 particular lo componen varios títulos: La chica mecánica y La bomba número seis, de Paolo Bacigalupi; Visión ciega y Ad astra, de Peter Watts; El don de la oportunidad, de Laird Barron; El ladrón cuántico, de Hannu Rajaniemi; El ciclo de vida de los objetos de software, de Ted Chiang; El rebaño ciego, de John Brunner… Pero si tuviera que nombrar a dos autores en particular con los que me topé durante los primeros compases de mi andadura profesional y que me abrieron mucho los ojos, profesionalmente hablando, estos serían Robin Hobb y Jonathan Carroll. Enumerar los porqués me llevaría demasiado tiempo y ocuparía demasiado espacio, pero es de justicia que quede al menos constancia escrita de ello. Si no los hubiera traducido cuando lo hice, tengo la certeza de que mi carrera no habría sido la misma.
En cuanto a libros que me hubiera gustado traducir, no tengo ni que pensármelo: La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski. Al final llegó a nuestro país con la voz de Javier Calvo, que sin duda ha realizado una inmensa labor ante la cual la mía no habría podido sino palidecer, pero sí que me hubiera gustado mucho verter esa novela, más que un fetiche para mí, a nuestro idioma. Muchísimo. Pero como eso ya no va a poder ser, mal que me pese, me conformaría con que alguna vez cayera en mis manos algún título de Stephen King, pasado, presente o futuro. Así que, si las autoridades competentes están leyendo esto y quieren hacer feliz a este humilde trujamán veterano pero con alma de niño, que sepan que ayudar a los demás a cumplir sus sueños da puntos de karma. Y además a puñados.

El traductor y sus libros



lunes, 7 de septiembre de 2015

El padre de dragones y otras traducciones (primera parte)

La fantasía está ahí fuera

Si habéis prestado atención alguna vez (un domingo, un fin de semana que llueve) a los programas de los congresos de traducción, en ocasiones uno puede ver patrones y tendencias, a lo especial primavera-verano de Vogue o Mulder cuando veía conspiraciones en todas las esquinas. A lo que me refiero con esto es que hay años en que se habla mucho de temas como branding, interpretación en servicios públicos, localización, audiodescripción y otros es la traducción de novela romántica o directamente erótica y en los últimos años se han colado en estos programas un montón de temas que antes ni se tocaban en las aulas magnas de las universidades y que sin embargo son parte de nuestro trabajo. En Alicante hubo una mesa entera dedicada a la traducción de franquicias: cómics, Marvel, DC, videojuegos, películas de superhéroes, etc.

Hace ya un tiempo pude publicar en el blog una entrevista a una editorial española, Fata Libelli, en la que hablaban de literatura fantástica y las procelosas aguas del mundo editorial. El verano pasado Nina nos contó su experiencia como alumna del taller de traducción que se impartió en Tarazona y por fin podemos seguir este camino con otra entrevista sobre la traducción del género fantástico y la ciencia ficción y ver si en realidad es una moda o un tema del que podemos hablar durante mucho tiempo (yo apuesto por la última opción).

Para hacerlo, tenemos el placer de contar con un traductor que ha peleado en importantes batallas y que cuenta con una lista muy envidiable de títulos traducidos a sus espaldas: Manuel de los Reyes.

El padre de robots, dragones y otros bichos

- La primera pregunta es un clásico en el blog: ¿qué hace un traductor como tú metido en un mundo lleno de seres imposibles, espadas, naves espaciales y otros bichos del querer? ¿Cómo arranca tu historia? 

Muchos compañeros cuentan que llegaron a la profesión de rebote, por azares del destino, por hacer algo mientras buscaban otra cosa, etcétera. En mi caso, la fascinación que la lengua inglesa ejercía sobre mí de jovencito y mi desmesurada afición por la lectura y la escritura se aliaron para convencerme de que traducir aquello que más me gustaba (los cómics, los juegos de rol y las novelas de género fantástico en todas sus vertientes) podía ser, no ya una forma de ganarse la vida como cualquier otra, sino, al menos para mí, la mejor. Con esa idea en la cabeza me presenté a los exámenes de acceso de Traducción e Interpretación en la Universidad de Salamanca, tras un par de años lejos de las aulas convencionales pero inmerso en la «escuela de la vida» durante los que aprendí mucho más de lo que podría ofrecer jamás ningún currículo académico. Superé dicha prueba y, entre 1996 y el 2000, me dediqué a perseguir ese sueño.
Corría el último año académico y yo me encontraba en Escocia, «disfrutando» de una exigua beca Erasmus que no hizo sino animarme a utilizar aquella cosa tan enigmática pero en apariencia repleta de posibilidades que la gente denominaba Internet. Puesto que sospechaba que desde que empezara a enviar solicitudes de empleo hasta que recibiese respuesta iba a pasar mucho tiempo, decidí abreviar la espera, me dirigí a la biblioteca de la Universidad de Glasgow, me abrí una dirección de correo electrónico, busqué la página web de la editorial que publicaba los juegos de rol a los que yo por aquel entonces era tan aficionado, escribí para resumirles más o menos quién era y cuáles eran mis intenciones… y a vuelta de correo recibí mi primer encargo, el Libro de Clan: Salubri, un suplemento para Vampiro: Edad Oscura.
Cuando regresé por fin a Salamanca para presentarme a los últimos exámenes de la carrera ya contaba en mi haber con tres manuales por el estilo. Lo cierto es que ni estaba realmente preparado para zambullirme tan de sopetón en el mercado laboral ni fueron unos primeros pasos tan sencillos como pueda dar a entender esta versión abreviada de lo ocurrido, pero el caso es que aquí sigo, quince años después, con un centenar largo de ISBN a mi nombre y ni una sola semana de parón laboral involuntario en todo este tiempo. Como sé que mi caso es poco representativo dentro de la profesión y, por añadidura, no soy nada desagradecido, procuro mostrarme tan cauto como optimista por lo que al futuro respecta cada vez que se me presenta la oportunidad de exponer mi caso particular ante todos aquellos, jóvenes y talluditos por igual, que en la actualidad comparten las ambiciones de aquel soñador, alocado e insensato veinteañero yo mío, tan afortunado él.

- ¿Has trabajado o trabajas como traductor de otros temas y géneros? Si la respuesta es sí, ¿existen diferencias significativas entre los encargos fantásticos y los mundanos? Y si la respuesta es no, ¿no te tienta el mundo Muggle?

He traducido de todo y, como se suele decir, volvería a hacerlo: narrativa contemporánea, novela histórica, rosa, negra y de todos los colores. He interpretado en congresos, localizado software, traducido publicidad… El canto de sirena que me atrajo hasta las exóticas costas de esta profesión, sin embargo, entonaba en mis oídos desde el principio melodías que evocaban seductoras imágenes de trasgos, marcianitos, hombres del saco y pulverizadas velocidades de escape, así que desde el principio mismo de mi andadura profesional me he dedicado a explorar y cartografiar minuciosamente esos territorios. Tras unos satisfactorios pero que me dejaban con ganas de más escarceos iniciales con los juegos de rol, los cómics y las franquicias noveladas, pronto me brindaron la oportunidad de traducir literatura fantástica hecha y derecha. Y fue exactamente tal y como yo siempre había soñado: una verdadera pasada.
Puesto que yo siempre he leído de todo pero sentía predilección por un género determinado, pensaba que las editoriales se regirían por los mismos parámetros: que publicarían de todo pero a mí me encargarían, con suerte, solamente títulos adscritos a un género determinado. Cuando ya llevaba un tiempo siendo así, no obstante, entre unos y otros me fueron abriendo los ojos a una desagradable sentencia categórica que, al parecer, todo el mundo menos yo veía con claridad meridiana: traducir siempre «lo mismo» equivale a encasillarse. La poderosísima sensación de rechazo e incredulidad que me sobrevino al experimentar aquella epifanía vicaria se convirtió en el motor hiperlumínico que habría de impulsarme con más brío que nunca, y ya para siempre, a adoptar una actitud que desde entonces ha dictado prácticamente todas mis decisiones profesionales: dado que el género fantástico no solo es que no tenga nada que envidiar a los demás, sino que algunos de los títulos adscritos al mismo se cuentan entre las obras más reconocidas de la historia de la literatura, no cabe hablar de encasillamiento, sino de especialización.
Entre la traducción de narrativa fantástica y la de otros géneros literarios existe una diferencia fundamental, íntimamente relacionada con la carga de imaginación e inspiración que haya volcado cada autor sobre su obra. Quien más quien menos escribe con un estilo determinado, más o menos enrevesado; quien más quien menos te obliga a documentarte acerca de un tema concreto, más o menos abstruso; pero solo el escritor de literatura fantástica te obliga a abrir de par en par las puertas de la cripta donde sin dormir yace eternamente la creatividad y sondear esas fértiles profundidades para desenterrar las prendas más insospechadas y espectaculares con la que engalanar tu trabajo. Es una labor muy exigente, a veces, ora extenuante, ora ingrata… pero no la cambiaría por nada en el mundo.

Algunas de las joyas de la corona


- Los neologismos, los juegos de palabras no son más que algunos de los enemigos de este género, enemigos con los que ya has peleado en varias ocasiones. ¿Qué pasa por la mente de un traductor cuando se encuentra con uno de esos palabros que se inventan los escritores? ¿Podemos hablar de los nombres de los personajes/castillos/animales/espadas que tienen un significado en inglés? ¿Qué se puede hacer con esos regalos envenenados?

Se pueden hacer tantas cosas… Lo primero que conviene preguntarse, a la hora de resolver este tipo de problemas, es si el escenario en el que transcurre la acción comprende la lengua del autor o no. En la Tierra Media del Señor de los Anillos, por ejemplo, un mundo imaginario en el que nadie habla inglés porque ni siquiera existe Inglaterra (ni ningún otro país conocido), está claro que dejar que cierto hobbit se llame Baggins en su traducción al español no tendría sentido. Quizá luego Bolsón guste más o menos, pero al menos respeta la idea del original. Si la acción transcurre en nuestra realidad, aunque esta contenga elementos netamente fantasiosos, la cosa cambia. Motes y sobrenombres, emplazamientos geográficos, cargos públicos, bebidas y especialidades culinarias… todo tiene su porqué y su porqué no cuando de verter palabras extranjeras (neologismos o no) a nuestro idioma se trata. Por lo que a mí respecta, decisiones exclusivamente mercadotécnicas y editoriales mediante, si se puede traducir, se traduce.
El papel de verdadero «enemigo» del género, empero, no se lo atribuiría yo a los neologismos (¡si es donde está toda la gracia!) sino a los anacronismos, un adversario mucho más sutil e insidioso al que, en ocasiones, no se le presta la debida atención. ¿Puede ser «maquiavélico» alguien que vive en un universo en el que nadie ha oído hablar nunca de Maquiavelo, por ejemplo? ¿Qué sentido tendría que los pobladores de una colonia alienígena emplazada en los confines de la galaxia utilizaran expresiones como «de Perogrullo» o «meterla por toda la escuadra»? A veces estos anacronismos vienen marcados de antemano por el original, intencionadamente o no, pero como traductores conviene estar alerta y tener los ojos bien abiertos en todo momento para que no se nos escape ninguno demasiado improcedente, so pena de sacar al lector de la historia.

 - Si una cosa ha quedado clara tras escuchar a Cristina Macía es que los fans de este tipo de literatura son seres apasionados, entregados y que no perdonan una si consideran que la traducción no se adapta a sus expectativas. La exigencia de calidad puede ser un aspecto positivo pero también un tanto agobiante ahora que con internet tienes foros especializados, booktubers, etc. ¿Cuál ha sido tu relación hasta ahora con los lectores? ¿Alguna historia curiosa? ¿Te subirías a una mesa del Celsius a hablar de tu traducción con los fans delante?

De mil amores, pero solo si antes me invitaran a hacerlo, que a uno le falta algún que otro tornillo, pero no tantos. El caso es que en el Celsius aún no he tenido ocasión de participar como ponente en ninguna mesa, pero sí en un par de Hispacones, y la respuesta de los asistentes no podría haber sido más positiva. A lo largo de los años he concedido entrevistas en la radio, impartido talleres y cursos para otros compañeros de gremio, expuesto algunas de mis vivencias y teorías en librerías, hablado en público ante propios y extraños… pero conversar con los lectores cara a cara, de tú a tú, es una de esas cosas que no se pueden comprar con dinero. Puesto que ya he sido cocinero antes que fraile, o aficionado antes que profesional, por una parte me resulta especialmente enriquecedor escuchar sin intermediarios los comentarios y observaciones que suscita en los lectores el estado actual de la traducción editorial en España; por otra, muchas de las dudas que se expresan durante los turno de ruegos y preguntas en este tipo de acontecimientos me permiten analizar y explorar los entresijos de esta profesión nuestra por fuerza someramente pero con una espontaneidad que, al menos por lo vivido hasta la fecha, el público agradece a su vez.
En cuanto a anécdotas… las tengo para todos los gustos, claro. Me considero una persona accesible y siempre respondo a todos los mensajes que recibo en privado, ya sea por email, mediante privados en las redes sociales, a través del formulario de contacto de mi página web, etcétera, lo cual a lo largo de los años me ha llevado a entablar muchos y muy curiosos intercambios de impresiones con los lectores. Creo que estos, aun a riesgo de generalizar, ignoran hasta qué punto influye realmente su opinión en las decisiones que podemos llegar los distintos eslabones que componemos las largas cadenas editoriales. En el momento de escribir estas líneas, sin ir más lejos, acabo de cerrar un compromiso para traducir varios libros a lo largo de los próximos meses, quizá años, después de que la editorial que los publica en España escuchara las críticas negativas que estaba recibiendo la traducción de los primeros volúmenes de la serie y decidiera intervenir activamente para atajarlas. Aun sin proporcionar más detalles ni nombres, creo que este ejemplo ilustra a la perfección lo que decía antes.
Para terminar, aunque el tema daría para hablar mucho más largo y tendido, me gustaría añadir que cuando más satisfechos se muestran los clientes y los lectores por igual, según mi experiencia, es cuando uno se muestra deontológicamente respetuoso, no con ellos ni con el autor, sino con la obra en cuestión. Acercarse con profesionalidad al texto conlleva automáticamente que las demás partes implicadas sientan que se les está dispensando un trato favorable que suele traducirse, a su vez, en críticas elogiosas, reseñas positivas y trabajo continuado.

- Un fenómeno que ha sucedido con los libros de Harry Potter y Juego de Tronos (y muchos más) es que los lectores que hablan idiomas aprovechan que ya han leído el original y se lanzan a hacer su propia traducción para los que no hablan más que su lengua. Un poco como los fansubs de las series. ¿Te ha pasado? ¿Supone un problema para el traductor o no tiene la menor relevancia?

No me ha pasado, pero conozco a varios compañeros que sí se han visto en esa tesitura y algunos de ellos coinciden en la preocupación que supone tener que evitar de forma activa el tropezarse con esas traducciones hechas por y para aficionados, so pena de que acaben insinuándose en sus decisiones terminológicas o estilísticas más adelante, siquiera involuntariamente.

[Y hasta aquí podemos leer...la primera parte. En breve se publicará el resto de la entrevista]