viernes, 22 de febrero de 2013

Los traductores fantasmas

¿Qué hacer un jueves por la tarde en Madrid en pleno febrero y con algo de lluvia? Parece que la respuesta es quedarse en casa. Sin embargo, ayer un grupo de aguerridos traductores decidió ir a la presentación del libro Hijos de Babel, que contiene ensayos sobre el mundo de la traducción en el siglo XXI, escritos por 14 traductores.

En el índice nos encontramos con gente como Rafael Carpintero, autor de uno de mis blogs favoritos, El carpintero traductor, y que no estuvo presente porque reside en Estambul. Tal y como dijeron durante la presentación, si no le conocéis en persona, es probable que sí le hayáis leído porque es el traductor de Orhan Pamuk.
Dedo cortesía de Olga Muñoz.

La presentación tuvo lugar en La Central, un sitio fantástico y relativamente nuevo en pleno centro de Madrid. Una librería diferente, con una cafetería muy agradable para quedar y conversar sobre el mercado, Trados, los clientes y esa cena que tenemos que organizar un día de estos. Consejo técnico: decid no a la tortilla y a las cookies pero sí a la porción de tarta Red Velvet.

Las galletas ya estaban allí cuando hicieron la reforma del local.


En la planta de arriba tiene esta maravilla de sala de lectura.

Llegamos pronto para poder elegir un buen sitio, aunque en realidad llegamos tan pronto que más que sentarnos, vimos como se ponían las sillas y estorbamos lo justo y necesario. Pero teníamos muchas ganas y eramos un grupo bastante numeroso, así que ya os podéis imaginar.

Lo bueno de llegar pronto es que haces fotos para el blog.
Eleonora Montanari, Lidia del Álamo y Olga Muñoz se ofrecieron voluntarias.

A todo esto mientras tanto, la plaza de Callao estaba llena de adolescentes gritando por el preestreno de Spring Breakers, la película de Selena Gomez. Una locura de chillidos y gente pidiendo autógrafos que se colaba por las ventanas de La Central. 

En este entorno empezó el coloquio con los puntos de vista de Patricio Pron, Amelia Pérez de Villar, Paula Caballero, Lucía Sesma y Pablo Sanguinetti.
La primera idea que me impactó y que ha dado lugar al título de la entrada es cuando se comentó que vivimos en un mundo escrito en varios idiomas pero a pesar de eso, nuestra labor vive rodeada de misterio y leyendas urbanas. El traductor es como un fantasma, los editores esconden su nombre en el interior del libro, en páginas poco visitadas y generalmente entre líneas de letra pequeña, en lugar de mostrarlo en portada junto al nombre del escritor.
El moderador de la mesa presentó esta figura del traductor fantasma como la de un héroe cultural generalmente mal pagado.

¿Eso del fondo es un traductor?

Amelia Pérez de Villar, cuyo ensayo se titula Pescar el múrice: mi reino sí es de este mundo, siguió hablando de la figura del traductor y rompió con los mitos. Es verdad que el traductor de literatura puede ser admirado, lo que hace es complicado y requiere trabajo duro e intuición, un talento unido a la capacidad creativa, pero al mismo tiempo se puede enfrentar con la incomprensión de aquellos que no entienden el motivo por el que la traducción de un libro requiere tanto tiempo. Aún así ella bajó con elegancia al traductor de cualquier podio y recordó que este es un oficio, tanto si traduces a Henry James como si tu material de trabajo es el manual de un horno. Habló de la belleza de trabajar con textos literarios y la necesidad de no olvidar que las editoriales son empresas y por eso necesitan que los traductores se pongan las pilas para entregar a tiempo. Nada de pasarse la vida debatiendo contigo mismo y con el gato si ese término abarca todas las posibles connotaciones que tiene el original.



Después Paula Caballero, ¿Por qué es importante traducir a los clásicos grecolatinos?, habló precisamente del tema de su ensayo, lo que me pareció muy interesante puesto que nunca me había planteado el trabajo de un traductor de griego clásico o latín. Se nota que le gusta su área de especialización porque no pudo llamarlas lenguas muertas y me quedé con ganas de saber más sobre ese tema.
Trató varias ideas, por una parte recalcó la necesidad de ampliar nuestra cultura general. Esto lo repitieron todos. Está claro que si quieres ser traductor debes tener una curiosidad innata pero además debes hacer un esfuerzo por enriquecer tus conocimientos al máximo. Es imposible saberlo todo pero hay que intentarlo. 
Dijo que en el caso concreto de la traducción de los clásicos es recomendable estudiar filología clásica porque necesitas el contexto histórico para comprender del todo lo que quiere transmitir el texto.
Si hablamos de clásicos todos nos acordamos de los ejemplares de la universidad llenos de notas y aparato crítico y Paula comentó que las notas del traductor tienen mucho sentido en ediciones académicas pero que los clásicos no deben limitarse a las aulas universitarias y una edición para el público en general no debe asustar al lector con páginas en las que hay casi más notas que texto, por lo que ella defendió un prólogo bien hecho y una edición que acerque los clásicos a todo el mundo.

Traductores y autores en La Central
El resto de intervenciones también me pareció muy interesante. Pablo Sanguinetti, La doble invisibilidad del periodista-traductor, relató un poco su experiencia, bastante distinta de la del resto, dado que él trabaja en tiempo real traduciendo el presente más inmediato para una agencia de noticias. Un híbrido entre la interpretación y la traducción.

Una de las anécdotas que se contó me pareció brillante porque refleja la mezcla de admiración e incomprensión que despierta nuestra profesión. Patricio Pron estaba en un programa de radio que se grabó en Casa de América y un hombre le contó lleno de orgullo que tenía un proyecto de traducción de poemas a algo así como 90 idiomas. Lógicamente uno se queda de piedra ante la inmensidad del proyecto pero el hombre admitió que usaba Google Translate o algo similar. Lo malo fue que no entendió la reacción del traductor profesional al escuchar eso y pensó que en realidad estaba molesto porque su idea era buena. La cosa llegó a tal extremo que al final el hombre se marchó convencido de que todo era un complot del gobierno para acabar con la cultura. 

La última idea de la excelente presentación que me gustaría incluir es la siguiente: el traductor invierte mucho tiempo y esfuerzo en el texto pero a diferencia del autor, no tiene la misma conexión afectiva con esas palabras.

El libro es muy interesante y varios de los asistentes regresaron con un ejemplar a casa.

No podía cerrar sin incluir la foto del preestreno.