martes, 26 de abril de 2011

Los mitos de la traducción: aquello con lo soñábamos cuando empezamos a estudiar traducción

La entrada de Ana Rubio (@playmobiles) en su blog me ha hecho pensar en los mitos que rodean a la traducción. No, no voy a empezar con los temas típicos, ya sabéis, eso de que los intérpretes se forran y curran 2 días al mes, que los traductores están demasiado bien pagados para lo que hacen, que los traductores pueden hablar todas las lenguas del mundo (si no lo hacen son unos paquetes) y que cualquiera que sepa chapurrear dos idiomas ya es traductor. Hoy voy a centrar esta entrada en los mitos que nos montamos nosotros en la cabeza sobre las distintas áreas en las que podemos desempeñar esta profesión.

Yo, como me imagino que muchos otros estudiantes, decidí matricularme en traducción porque quería traducir libros. Básicamente eso era todo lo que quería hacer y me imaginaba en mi loft (nada de un piso chungo compartido) leyendo y traduciendo obras de mis autores favoritos, Thomas Hardy o Joseph Conrad. He de reconocer que he sido afortunada porque he podido cumplir el sueño de traducir para editoriales, pero aprendí que la realidad no es siempre como la imaginamos. No he traducido a Conrad ni a Hardy, no tengo un loft pero mi nombre figura en las hojas de algunas de las novelas que la gente lee en el metro, después de ocultar las tapas con papel periódico. Bromas aparte, he traducido de todo un poco, libros de los que me siento orgullosa y otros que fueron una tortura de principio a fin.

Sin embargo, hoy quería hablar de otro de mis sueños de traductora, otro de los mitos de la profesión: la traducción para doblaje.


Cuando me ofrecieron trabajar en un estudio de doblaje no me lo pensé dos veces. Era otro sueño cumplido y encima formando equipo con grandes profesionales y amigas. Antes de nada he de reconocer que fue toda una experiencia, para lo bueno y lo malo. Voy a intentar resumir lo que supuso y los mitos que tumbó:

Yo trabajaba dentro de la sala de grabación de doblaje, he intentado encontrar una foto que mostrase el tipo de estudio donde trabajaba. Aquí veis como hay una salita más pequeña dentro con el atril para el actor o actriz de doble, la pantalla para ver el vídeo y se ve el reflejo de uno de los ordenadores. Hay una mesita con un ordenador y una lamparita dentro de la sala de grabación y luego otro con todo el equipo de sonido al otro lado de la puerta gris (que pesa un muerto) donde está el técnico. Todo está insonorizado (o debería, no siempre es perfecto) y cuando estás dentro no puedes hacer ni un ruido porque se graba. Así que mientras habla el actor tú no puedes ni toser, ni beber agua, ni mover la pierna, debes tener cuidado al pasar las hojas del guión y al anotar algo con el boli. Si emites ruidos la toma no vale y se tiene que repetir y después de repetir una frase tres veces haces lo imposible por convertirte en estatua para no oírla de nuevo (o te quemaría por dentro). Lo bueno de esto es que después de la práctica adquirida si la traducción deja de darme dinero puedo plantearme un cambio de carrera y dedicarme a ser estatua humana en el Retiro.

Pensaba que era fácil pero ni hablar, ser la traductora en la sala de doblaje supone tener que estar atenta a todo, a la pantalla con el vídeo, a la narración en idioma original (inglés), leer a la vez el guión traducido para ver que lo que dicen y lo que está traducido coinciden, que no hay errores, que no hay erratas, que no se han inventado la traducción (esto pasa), que no hay malos entendidos por temas culturales, que el guión tiene sentido y encaja con el vídeo y por si fuera poco, hay que estar atento con los cascos a lo que va narrando el actor o la actriz de doblaje. Es como una interpretación pero con dificultades añadidas. Sientes la misma adrenalina (de otro modo no podrías hacerlo) y entrenas a tu cerebro a no perder detalle (lo que es útil luego para la rebajas, las bodas o las propias interpretaciones). Lo mejor, el entrenamiento mental, es como estar en un gimnasio para tu cerebro y pone a prueba tu compresión oral. Lo peor, el estrés, no paras ni un minuto y después de seis horas ya hablas en arameo cuando finalmente logras escapar para ir al baño.

Pensaba que no iba a traducir. Falso. Es verdad que no traduces el guión pero traduces mucho porque todo lo que está mal en la traducción original lo tienes que corregir sobre la marcha, a veces sin tiempo para consultar Internet o un diccionario. Así que pones a prueba tus neuronas todo el tiempo. Muchas veces el guión está bien traducido pero como el traductor no disponía del vídeo (por miedo a la piratería o por temas de plazos), te toca recortar la parrafada del personaje, porque en inglés entra en tiempo pero en español es imposible de encajar. Lo mejor, como intérprete me encanta traducir a la vista, me obliga a usar la memoria para rescatar la traducción de los términos y al estar trabajando con material nuevo cada día aprendes mucho vocabulario en contexto. Lo peor, que con las prisas a veces tú también cometes errores.

En resumen, lo mejor de trabajar en el doblaje es que te obliga a usar la cabeza, a pensar en dos idiomas todo el tiempo, ves muchas cosas, aprendes con los documentales, los programas sobre video juegos, te ríes con los actores y actrices de doblaje, que son gente maravillosa (desde aquí un saludo lleno de cariño). He reconocer que al oír sus voces mientras trabajaban me di cuenta de nuevo de la importancia de la voz, es increíble lo que pueden hacer. 

Lo peor: sin duda el estrés y las prisas. Hay que tener mucha resistencia para dedicarse a eso. Es un trabajo muy interesante pero es difícil compaginarlo con otras cosas por la cantidad de energía que requiere. Yo daba clases, interpretaba y traducía novelas a la vez y tuve que dejarlo por agotamiento. Sin embargo, me quedo con la experiencia aprendida y ganada.


jueves, 14 de abril de 2011

Demasiado de algo bueno puede generar problemas

No veo mucho la televisión pero me encantan los anuncios, lo que es una suerte. Hace poco me llamó la atención un anuncio de coches (y no, no es el del mini-Darth Vader) en el que repiten que tenemos demasiada información y que ante tantas opciones nos perdemos. Es una idea a la que llevo meses dando vueltas.
Cuando empecé como traductora freelance no tenía ningún tipo de información, vivía en un desierto de ignorancia. Terminé el máster universitario sin saber siquiera qué era un traductor jurado o el aspecto que podía tener una cabina por dentro (o por fuera). Me dediqué a preguntar a la antigua usanza, es decir, dando la brasa a compañeros de clase y apuntándome a cursos para seguir dando la plasta a los pobres profesores. Pasaba horas buscando información en Internet, intentando comprender un poco mejor de qué iba esta profesión y qué se esperaba de mi. La primera vez que me enfrenté a un impago no sabía ni qué hacer ni qué opciones tenía a mi disposición. Ya no hablemos de la primera prueba de traducción, la primera negativa, etc, etc.

El motivo por el que escribo esta entrada es porque mañana doy una charla sobre la iniciación en el mundo freelance (así suena más interesante, casi como si se tratase del ritual de acceso a una sociedad secreta) y la realidad a la que se enfrentan los recién llegados no se parece ni por casualidad a la que me dio la bienvenida hace apenas una década.

Una de las novedades son los blogs de traductores e intérpretes. Hay blogs maravillosos, llenos de información, de consejos, de chistes, de mini cursos sobre las herramientas TA, qué te explican cómo empezar, facturar, echar a tu novio de tu "despacho" porque estás trabajando sin que te retire el saludo....
Vamos, que ya no hay misterios sin resolver ni ha quedado nada sin tratar. De hecho, ahora uno de los mayores retos a los que se enfrentan los traductores es encontrar un tema para escribir una entrada al menos cada mes que no resulte redundante....
Todos los blogs además incluyen la misma lista de blogs recomendados, yo estoy muy de acuerdo con esa lista, Bootheando, Mox, Algo más que traducir y la Localización de Curri son de lectura obligatoria.

Además de eso, tenemos las reuniones de traductores e intérpretes (powpows de Proz, conferencias, seminarios, jornadas, cursos especializados, etc.) que nos permiten aprender de los aciertos y errores de otros y sobre todo nos ofrecen la oportunidad de conocer a otros profesionales que comparten con nosotros gustos, problemas y a veces hasta consejos sobre cómo superar el dolor de espalda tras horas traduciendo o que nos comentan que para evitar problemas en las cabinas es mejor llevarte tus propios cascos y un poco de chocolate.

Todo esto está muy bien, pero es que entre los blogs, el Twitter, el grupo en LinkedIn, los grupos de Facebook y todas las ocasiones de networking al final lo que suelo sacar en claro es que la gente hace muchas cosas mientras yo solo me dedico a leer. Es imposible a veces no sentirse pequeño ante gente que cuenta experiencias flipantes casi a diario. Entrar en el "networking" ha sido, al menos en mi caso, un ejercicio de humildad que seguramente necesitaba. Recuerdo estar en una conferencia en la que muchos hablaban de herramientas tecnológicas que usaban a diario y era como estar en una convención de Star Trek. En un momento dado, el ponente preguntó a unos cuantos qué solían usar con más frecuencia y me entró pavor, porque si me tocaba tendría que ser sincera y responder que la calculadora y los cuadernos de notas. Fue entonces cuando me enfrenté a un dilema al que aún no le he encontrado solución: ¿Qué hacer ante estos gurús de la traducción? ¿Si es verdad todo lo que se publica, entonces debo asumir que no me he esforzado todo lo que debería en estos años? ¿De verdad tengo que tener 10 herramientas TA, un programa para las facturas, uno para las búsquedas, un iPad para cabina, un iPhone con cámara para sacar fotos de todo lo que veo y una aplicación para decir dónde he ido a comprar bombillas?

En parte, estar delante de la gente a la que le va bien en la traducción hace que te sientas chiquitito pero también te anima a superarte, a mejorar, a ver que quizás el modo en el que gestionas tu negocio no es malo pero podría ser mejor y a veces (solo a veces) a darte cuenta que no te has equivocado tanto ni tantas veces. Sin embargo, mucha información a veces abruma, acompleja o como poco agobia (las tres AAA del mal rollo).

Además, hay otro factor a tener en cuenta, algo que escuché en una conferencia y que no me llegué a creer pero he descubierto que es verdad. Si siempre estás en todo, pareces saber un poco de todo y formas parte del networking la gente asume que eres "guay", pero eso no siempre es positivo. Hace poco coincidí con una antigua compañera de estudios, me dijo que trabajaba en una agencia y empezó a contarme un proyecto de interpretación. Era interesante, parecía algo diferente a lo que suelo hacer (y un cambio ahora mismo me parece la mejor opción) y lo único que yo esperaba era el momento en el que me ofrecería participar. Pero la conversación pasó a otro tema saltándose esa parte. Opté por una tos sutil y le dije que si seguía buscando gente que yo estaría encantada. Me miró sorprendida y me dijo: "no te lo he ofrecido pensando que no lo querrías. Ya sabes, como ahora haces cosas más importantes..."
Soy intérprete así que toda interpretación es algo importante para mi y no suelo rechazar trabajo a menos que  tenga un problema de fechas que coinciden con trabajos que ya he aceptado antes. No soy Julia Roberts, no me puedo permitir hacer solo una interpretación al año por muy importante que sea. Además, me gusta interpretar y cuando llevo unos días sin pisar una cabina sufro graves ataques de mono (el famoso síndrome del "booth monkey" que están analizando ahora en alguna universidad remota).


¿Hay demasiada información ahí fuera / hay poca / la justa y necesaria?

jueves, 7 de abril de 2011

La importancia de las prácticas en la formación de intérpretes

En todas las profesiones conocidas el poder hacer prácticas resulta fundamental. Esa es una verdad tan básica que no es necesario recordarlo y sin embargo, ¿cuántas veces nos hemos encontrado con cursos de formación en los que no se incluye la más mínima opción de hacer prácticas?

Yo me formé como traductora e intérprete hace ya unos cuantos años (el tiempo pasa volando...) pero por lo que he oído y lo que me cuentan mis alumnos de su experiencia universitaria, las cosas no han cambiado demasiado en muchos sitios. Eso sí, me encantaría conocer la experiencia vivida por los que lean esta entrada y hayan estudiado o estén estudiando traducción e interpretación.

Yo estudié primero en la universidad Complutense el máster de Traducción de dos años de duración, en el que se ofertaron 2 plazas para trabajar como traductor becario en una publicación especializada en mercados financieros. Sobra decir que eramos más de 50 alumnos y que casi llegamos a las manos en los pasillos porque todos queríamos esas plazas. En interpretación no tuvimos tanta suerte, de hecho, teniendo en cuenta que toda la formación que nos dieron fueron cuatro clases mal contadas en las que cada uno interpretaba en consecutiva durante 2 minutos a la semana, darnos prácticas habría sido totalmente absurdo.

Cuando terminé la parte universitaria de mi formación seguí el consejo de una amiga y compañera de profesión y me matriculé en el centro en el que ahora trabajo como profesora de interpretación, en Estudio Sampere en Madrid. Lo que me encantó del centro fue que al mes de empezar las clases estaba trabajando como becaria de traducción en una empresa de comunicación y marketing. Fue una beca de 9 meses en la que aprendí muchísimo y es que no hay nada como ponerse manos a la obra, salir del aula y enfrentarse a los problemas reales. Al año siguiente cursé interpretación en el mismo centro y al finalizar el curso el señor Sampere me mandó de prácticas a la embajada de Holanda. Fue una experiencia increíble. Nunca había creído realmente que yo podría dedicarme a la interpretación hasta ese momento. En clase a base de esfuerzo sacaba los ejercicios pero siempre pensaba que el día que tuviera que hacerlo en una situación real los nervios me dejarían catatónica o que me quedaría con la mente en blanco.

Cuando me ofrecieron la oportunidad de las prácticas acepté porque, bueno, no era un trabajo pagado, era una cosa de la escuela, pensé que tampoco tenía mucho que perder y me enviaron a un hotel a recoger al empresario holandés al que debía acompañar en una serie de reuniones de negocio. Los primeros 5 minutos de la primera reunión fueron caóticos, se me atascaban las palabras, me temblaban las piernas, pensé que me iba a dar algo. Pero al cabo de 6 minutos me centré y aproveché toda la información que había estaba buscando y estudiando la tarde antes. La empresa se dedicaba a la conservación de fachadas históricas y durante esa mañana visitamos varios edificios emblemáticos de la ciudad, una sala de Patrimonio donde estaba trabajando en la recuperación de obras de arte y los bajos de la embajada de Holanda. Fue divertido, muy interesante, decidí que lo mio era interpretar temas relacionados con el arte y además, por primera vez, me enfrente a las cosas de las que había oído hablar en clase, es decir, trabajar rodeada de ruidos, con acentos diferentes, con gente hablando a toda velocidad, etc.

Las prácticas tienen que formar parte integral de la formación. En la actualidad soy profesora y no hay cosa que más me guste que leer los correos en los que me comentan el buen trabajo que han hecho mis alumnos durante sus jornadas de prácticas. Esta semana tengo a casi la totalidad del alumnado en prácticas, cuaderno en mano y quería desearles mucha suerte desde aquí. Tres de mis alumnos ayer se enfrentaron a una situación de las que suelo contar en el blog, una ponente muy maja pero que no quería trabajar con intérpretes porque interrumpen su discurso, así que ellos, ni cortos ni perezosos, buscaron una solución y fueron por la sala preguntando quién necesitaba un intérprete, se dividieron el trabajo e hicieron una interpretación susurrada a los alumnos que lo solicitaron. Esa es una de las claves del trabajo, saber salir de los apuros, no dejarse vencer por un inconveniente y tratar siempre de encontrar una solución. Les felicito por eso.



(Esta es una de las prácticas del año pasado, Eleanor, que ahora trabaja conmigo como profesora de interpretación inversa en Sampere, trabaja como enlace entre el comisario y un fotógrafo)



Quedo a la espera de recibir vuestro feedback. Como veo además que tengo bastantes visitas de México y de otros países, sería muy interesante saber cuál ha sido vuestra experiencia. ¿En clase os dieron la opción de prácticas? ¿Las aprovechasteis? ¿Qué os pasó durante las prácticas? No seáis tímid@s....