domingo, 10 de octubre de 2010

El mercado de las tarifas

Uno de los temas de moda (por desgracia) en esta profesión es el de las tarifas. Todos, traductores, intérpretes, project managers y clientes, tienen una opinión.
La "Crisis" es la excusa más utilizada. Es más, se oye tanto que una llega a dudar, porque quizás no sea una excusa, quizás realmente los presupuestos para las conferencias y jornadas es tan reducido que no les queda más remedio que regatear contigo. Claro que luego llegas a las salas y te encuentras con el catering del desayuno al que no le falta detalle, las bolsas promocionales llenas de caramelos, bolígrafos, cuadernos y llaveros, todos nuevos y perfectos, etc, etc y tú cobrando la mitad de lo que solías cobrar el año pasado cuando regalaban a los asistentes las mismas chorradas que siempre se quedan olvidadas en alguna parte.
De acuerdo, sé que esta es una visión muy simple de lo que está pasando.

Creo que al menos en parte la culpa la tiene la falta de prestigio que tenemos a veces, es decir, la mayoría de las personas asume que si ya hablas bien los dos idiomas, meterte en una cabina a interpretar no tiene dificultad ninguna, así que si es fácil y encima te gusta hacerlo porqué van a pagarte tanto dinero. (Lo sé, no todo el mundo piensa eso, pero algunos clientes han llegado a decírmelo con estas palabras).

En el caso de la traducción también pasa y además nos encontramos con algunos "compañeros" que dañan mucho la profesión al no tomársela en serio. Si nosotros no somos profesionales y no hacemos el trabajo lo mejor posible, siempre nos van a tomar por aficionados que sabemos idiomas y en nuestros ratos libres traducimos cosas para ganarnos un dinerito extra.


Los motivos por los que debemos luchar por nuestras tarifas son claros y los han expuesto muy bien en muchos blogs. Nos gusta lo que hacemos pero no por ellos estamos dispuestos a vivir del aire. Somos profesionales responsables y nos gustaría que nos tratasen y pagasen de un modo que se correspondiese a nuestra destreza y seriedad al trabajar.
Sin embargo, mientras tengamos personas que no nos tomen en serio (y no me refiero solo a los clientes, sino a muchos de los que se dedican a esto), no lograremos avanzar.
No conozco a muchos cirujanos que antes de una operación se vean obligados a negociar el precio por hora o punto. Tampoco negociamos al subir al bus o al comprar en la carnicería pero si alguien pide un traductor, quiere que la tarifa por palabra sea mínima y si es un intérprete espera que trabaje 8 horas por el precio de 4 y que encima lo haga sin recibir ninguna documentación previa. Y ni siquiera he entrado en el tema de plazos de pago o retrasos de meses en los pagos.

No todas las agencias y clientes son así, pero cada vez son más los casos en los que al publicarse una oferta en proz o en cualquier foro especializado se pone: "ofrecer la mejor tarifa" y pasamos de un entorno de profesionales a las profundidades de un bazar en el que todo vale.

lunes, 4 de octubre de 2010

El estrés antes de la cabina

Como ya he comentado, además de interpretar, traducir y pelearme con los clientes para cobrar las facturas pendientes, soy profesora de interpretación de conferencias en Madrid. La semana pasada empezó el curso y una alumna preguntó con cuánto tiempo de antelación nos daban la información (presentaciones, Power Points, PDFs, etc.) La respuesta de libro es decir que con bastante y que siempre te dan la documentación necesaria para hacer bien tu trabajo. La respuesta realista es más propia de uno de los diálogos de Shakespeare in Love: "es un misterio".

Si se os ha quedado la misma expresión de cara que a William (J. Fiennes), mis queridos lectores, no os extrañéis, pardiez. La realidad del mundo de la interpretación es que nadie sabe del todo qué somos, qué hacemos y para qué narices queremos tantos papeles antes de meternos en una cabina, cuando el tema es siempre "general" y "sencillito", da igual si no sale del todo bien, y total, los asistentes serán cuatro gatos....ay, cuántas veces me habrán dicho eso y luego al llegar te encuentras con toda una sala de hotel llena de gente con corbata (incluidas las damas) y con cara de saltar a la yugular al primer "traductor" que se equivoque en uno de esos términos técnicos endemoniados que solo dominan ellos.
Hoy se ha hablado de nuevo del tema de los "traductores" del senado. No voy a entrar en debates políticos, no es ese el objetivo de este blog, pero me hace gracia como la gente se lleva las manos a la cabeza y grita desesperada lo caros que son los "traductores", sobre todo esos que hablan.